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Los estibadores se preparan para un pulso con el Gobierno

Fuente noticia: ELPAIS.com

En España hay más de 6.150 estibadores. Por las manos de los 1.600 que trabajan en el Campo de Gibraltar, en su labor de carga y descarga, pasaron el año pasado más de 100 millones de toneladas. Es lo que mueve el puerto de Algeciras, que batió el récord en 2016. Acusados de nepotismo en la selección de personal y de cobrar altos salarios, se sienten de nuevo en el disparadero.

Ahora, por el pulso del Gobierno que pretende liberalizar su sector y cumplir así con las exigencias de la condena del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) en 2014. “Esto es fruto de la corriente liberalizadora europea donde cualquier persona que tenga un trabajo medio digno parece que sobra”, sentencia el presidente del comité de empresa de los estibadores de Algeciras, José Antonio González.

En el mediodía de este viernes, unos 1.200 trabajadores se han citado en el centro de formación del puerto para celebrar una asamblea informativa. “Edificio construido gracias a fondos europeos”, reza en una placa en la puerta del edificio. Con los nervios a flor de piel, había quien reparaba en la ironía, mientras vaticinaba una más que posible huelga en el sector. Al filo de las cuatro de la tarde, ha terminado la segunda asamblea (se ha celebrado dos tandas debido a la gran cantidad de asistentes) con una premisa: la prudencia. “No vamos a tomar medidas contundentes hasta que no esté aprobado el decreto”, ha explicado González al término de la reunión.

 

En la entrada, los ánimos se caldeaban ante lo que consideraban “un decretazo del Gobierno” que ha venido a romper la negociación entre la Coordinadora Estatal de Trabajadores del Mar (sindicato mayoritario en el sector) y la patronal, aglutinada en la Asociación Nacional de Empresas Estibadoras y Consignatarias de Buques. “No nos oponemos a que se aplique la sentencia europea. Nuestro sindicato ya había presentado un modelo de estiba pactado con la patronal”, ha reconocido el estibador Carlos Mejías, mientras esperaba para poder acceder a la asamblea. Concretamente, la propuesta pasa por crear una lista de estibadores profesionales que tengan preferencia a la hora de ser contratados, “aunque sin que medie obligación”, como ha matizado González.

Era la solución planteada para acabar con el monopolio que actualmente tiene la Sociedad Anónima de Gestión de Estibadores Portuarios (Sagep), entidad a la que hay que pertenecer para ser contratado como estibador. Una dinámica de la que no escapa el puerto de Algeciras, donde trabajan 1.500 estibadores fijos y 300 temporales, del total de los 6.156 de toda España. En el caso del puerto algecireño, la Sagep está participada mayoritariamente por la empresa APM Terminals Algeciras, la más fuerte de las que operan en la zona.

 

Trabajo peligroso

En turnos repartidos durante la mañana y la noche, el trabajo frenético de los operadores comienza una vez los buques atracan en el muelle. Organizados en equipos de ocho a 15 personas, cada grupo de trabajo es capaz de descargar 150 contenedores en un turno de seis horas. Un solo buque (como es el caso de los ‘Clase Triple E’, los portacontenedores más grandes del mundo) puede llegar a necesitar hasta ocho equipos de trabajo, cada uno con una grúa. Mejías es capataz de uno de esos equipos y sabe lo que es sentir la presión de trabajar en turnos “en función de la demanda y con un salario dependiendo de la producción”.

De hecho, su sueldo (que Fomento estima en unos 60.000 euros anuales) está compuesto por una aportación fija que ronda de los 800 a los 1.000 euros mensuales y supone del 25% al 30% del importe total que reciben, en función de las horas empleadas. La estimación la da otro capataz compañero de Mejías, pero que prefiere no dar su nombre para evitar suspicacias entre sus compañeros. “El que está fuera solo quiere saber cuánto gano, pero no lo que trabajo”, ha explicado justo antes de entrar en la asamblea, en un receso de su turno.

Tiene 55 años, es la tercera generación de su familia que trabaja como estibador y comparte puerto y sector con cuatro familiares más. “Tampoco nadie habla de la fuerte siniestralidad que tenemos. He visto a muchos compañeros amputados o que han muerto aplastados”, sentencia. Sabe lo que ahora está en juego y se muestra dispuesto a luchar: “Ya no lo hacemos por mantener el salario, si no por conservar nuestro trabajo”.

Curtido en mil batallas, recuerda la huelga que protagonizaron en 1983, cuando pasaron de ser trabajadores del Estado a depender de la Sagep. Y advierte: “Estuvimos meses en huelga, pero entonces el puerto no tenía el volumen de mercancías de hoy. Ahora supondría una pérdida de miles de millones y, si se alarga, alguna empresa puede hasta marcharse a otro país. Y, por experiencia, te digo que la que se va, no vuelve”.