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'Guerreros' del puerto ante el ERTE: "Si hay barcos, la estiba cobra; si no, nada"

Fuente: LAINFORMACIÓN.com

"Nosotros somos el termómetro de la economía". Al otro lado del teléfono, Antolín Goya habla con la tranquilidad del profesional que ha sabido arreglar su futuro y el de los suyos. "Cuando las cosas van a ir peor, desde el puerto se percibe un poco antes; y cuando van a ir a mejor, también". La pregunta es obligada: y ahora ¿cómo va a ir la economía? "Estamos en plena caída. Según los datos de Puertos del Estado, hasta después de verano no va a haber un crecimiento serio". Para un estibador, cuya actividad profesional radica en cargar y descargar los materiales y productos necesarios para cualquier sector profesional y el abastecimiento de la población, es fácil medir el punto en el que se encuentra el país. En estos momentos, muchos de ellos se  encuentran ante un Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE).

 

 

Los puertos isleños, los que más sufren

Aunque la crisis está afectando en gran mesura también a los puertos peninsulares, el presidente de CETM recalca los problemas orgánicos que aparecen sobre todo en las islas. "Su actividad depende prácticamente en exclusiva del tránsito nacional", explica. Por mucho que "en todos los puertos se haya percibido un descenso elevado de los turnos de trabajo, hay algunos en los que el golpe se puede amortiguar mejor porque el tráfico no depende casi en su totalidad del consumo nacional", sino que, por el tipo de empresas a las que abastecen, acceden al flujo internacional. De todos modos, Goya señala algunos otros casos muy graves como, sin ir más lejos, el del puerto de Vigo, muy especializado en la importación y exportación de automóviles: si las empresas paran y la gente no compra, "¿qué van a cargar y descargar los estibadores?". 

Como prácticamente en todos los campos de la economía, la crisis causará más o menos estragos entre los empleados portuarios —en especial, entre los de Baleares y Canarias— en la medida que los turistas nacionales e internacionales confíen en irse de vacaciones y, en tal caso, en hacerlo por tierras españolas. "Que se acabe el estado de alarma no implica una vuelta masiva de turistas", asevera Goya. "El rearme del turismo será progresivo". La íntima relación entre la bonanza económica de las islas y la recepción de hordas de turistas es una de las razones por las que los puertos isleños pueden acusar más que el resto la mala situación económica. "En algunos puertos", apunta el estibador, "van a apostar por ERTEs de un mes, pero en otros vamos a tener que mirar más lejos". Aquellos que dependemos del mercado nacional tendrán que aplicar medidas de más larga duración. 

Un mes frenético y, después, la nada

Antolín Goya explica que el primer mes de pandemia fue frenético para la estiba. "Había que abastecer las colas del supermercado", recuerda. "En este país se instauró la paranoia de que había que hacer acopio de productos de alimentación y eso significó un aumento de la actividad en el puerto". Goya confirma lo que confirman casi todos los trabajadores de casi todas las ramas del tejido económico español: "Tuvimos que salir a trabajar con lo que había.". Los primeros compases de la pandemia, en boca de los protagonistas que los vivieron en la calle, cogieron "a todo el mundo descolocado". Tocó bailar con la Covid-19 sin los EPIS adecuados y sin ninguna seguridad. Es la historia de siempre: primero había que acudir al puesto de trabajo... y, si acaso, preguntar después.

La batalla duró un mes. A raíz del "quédate en casa" y tras el apaciguamiento de los ánimos —tras las prisas y el 'jaleo'— el país se tranquilizó y el trabajo frenó de golpe. Desde entonces, la actividad en los puertos es muy baja y, como en tantos sectores, la única solución en algunos casos parece ser el ERTE. La CETM se encuentra negociándolos con los Centros Portuarios de Empleo (las sociedades que forman en los puertos cada una de las empresas que se dedican al negocio de la estiba) y tratando de lograr las mejores condiciones para los trabajadores. Goya tiene fe y espera que después de haber combatido el coronavirus desde su trinchera particular —también gracias a ellos, se pudo proveer a los hospitales de los materiales necesarios en el momento más crudo de la crisis sanitaria— su sector, que recibió en 2018 inversiones de hasta 358,08 millones de euros, recupere vigor al ritmo que lo haga la economía. 

"No hemos tenido que lamentar muchos contagios entre los trabajadores". Su trabajo al aire libre y los mecanismos de protección que ya de por sí utilizan han facilitado las cosas. En cuanto a la recuperación de la actividad, Goya desea que las empresas que emplean a los estibadores puedan superar el bache económico de forma más o menos holgada, toda vez que la estructura laboral del sector permite ciertas ventajas: "Los empleados de la estiba formamos parte de una bolsa de trabajadores de la que van tirando las distintas empresas, todas ellas asociadas en los distintos Centros Portuarios de Empleo". En otras palabras, es como si trabajaran para todas las empresas a la vez. Eso permite a las compañías compartir "gastos de seguridad social o de formación, por ejemplo". 

Todo el movimiento que falta en el puerto por el parón, todo el porvenir que día a día se ganan los estibadores desde el muelle se encuentra ahora en los despachos: también ahí se juegan el futuro. La actividad frenética del primer mes dibujó un escenario ficticio, pero con las patas muy cortas. 'Si ves las barbas del vecino cortar, pon las tuyas a remojar', debieron de pensar. Hoy, la música del ERTE ya ha llegado a los oídos de muchos trabajadores de la estiba y, ante ello, solo queda pelear unas buenas condiciones y tratar de volver a los puertos cuanto antes. El tiempo, la economía y el virus dirán.